Generalidades

Intoxicaciones medicamentos

Las intoxicaciones por medicamentos, son causa de morbilidad por intoxicaciones en El Salvador.

  1. Manejo inicial del paciente intoxicado:

    • En primer lugar es importante controlar las funciones vitales a través de las medidas clásicas de apoyo que sean necesarias. Se debe investigar y tratar de manera inmediata y efectiva la alteración de la conciencia debido a hipoglicemia, intoxicación por monóxido de carbono u opiáceos. Actuación similar se procura en el caso de convulsiones, síntoma frecuente en intoxicaciones por múltiples agentes.
    • La gravedad de la intoxicación debe luego ser evaluada: ¿qué medicamento/s están involucrados?, ¿En qué cantidad y en qué momento fue administrado?, ¿fue con o sin consumo de alcohol concomitante? La información obtenida en la anamnesis no es siempre fiable, en particular en caso de intoxicación intencional y la gravedad de la intoxicación puede ser subestimada. La información obtenida del examen clínico también es relevante. Sin embargo, la ausencia de síntomas puede ser engañosa, ej. en caso de intoxicación por paracetamol. En caso de intoxicación intencional es mandatorio la evaluación psiquiátrica urgente.
    • Ciertas técnicas permiten contrarrestar la resorción gastrointestinal del medicamento o acelerar su eliminación. No existen estudios controlados randomizados respecto a las siguientes recomendaciones, todas se basan en consensos de expertos.
    • Carbón activado, como medicamento absorbente es útil en la mayoría de intoxicaciones potencialmente peligrosas, administrándolo lo más pronto posible en las 2 primeras horas (1g/kg, máx. 50g) eventualmente hasta 4 horas, en una persona totalmente consciente y capaz de tragar sin riesgo de aspiración traqueal. Con la administración de presentaciones de liberación prolongada, el carbón activado puede todavía ser útil varias horas después de la toma. Su administración en intoxicaciones debidas a alcohol, litio o hierro no es útil debido a que la absorción de estos compuestos es mínima. El carbón activado no está indicado en pacientes con daño en el tracto gastrointestinal, ej. luego de la ingestión de cáusticos. En un medio hospitalario se puede administrar el carbón activado vía sonda gástrica. No se debe realizar lavado gástrico con carbón activado.
    • El lavado gástrico puede ser útil en un medio hospitalario de manera excepcional. Tomando en cuenta su eficacia incierta y sus riesgos potencialmente graves e incluso fatales (ej. neumonía por aspiración, perforación o hemorragia digestiva, laringoespasmo, hipoxia, trastornos del ritmo cardiaco y desequilibrio electrolítico), está indicado en muy pocos casos de intoxicación que amenazan la vida después de la ingestión de productos no absorbidos por el carbón activado (ej. colchicina, litio, sales de hierro).
    • Una diuresis forzada con manitol, diurético osmótico o diuréticos de asa es raramente indicada.
    • La administración IV de una emulsión lipídica puede ser útil en intoxicación con anestésicos locales. Otras indicaciones son controversiales.
    • Las prácticas de inducción del vómito, uso de catárticos y laxantes son controversiales y no se recomiendan. La administración de leche no tiene justificación.

  2. Administración de un antídoto:
  3. La administración de antídotos específicos generalmente no está recomendado en un servicio de salud de primer nivel, salvo el uso de glucosa y glucagón en casos de sobredosis con hipoglucemiantes y naloxona en intoxicaciones con derivados opioides. Un hospital debe disponer de una serie de antídotos para hacer frente a estas situaciones.

  4. Tratamiento de las reacciones anafilácticas
  5. Los medicamentos pueden provocar reacciones anafilácticas alérgicas y no alérgicas. Este es el caso, entre otros, de ciertas vacunas, productos derivados de la sangre, agentes quimioterapéuticos, anestésicos locales, ácido acetilsalicílico AINE, cefalosporinas, IECA, ARA II, penicilinas y medios de contraste. Se pueden producir reacciones cruzadas, ej. entre penicilinas y cefalosporinas. Los beta bloqueadores pueden agravar el curso de la reacción anafiláctica e inhibir la respuesta a la adrenalina. La reacción anafiláctica se considera una urgencia.

    Adrenalina (epinefrina), constituye la base del tratamiento farmacológico en caso de reacciones anafilácticas graves (dificultad respiratoria o hipotensión). Se prefiere la administración intramuscular a la administración subcutánea debido a una mayor absorción en caso de hipotensión. En el colapso anafiláctico, la administración de adrenalina se realiza por vía intravenosa, preferentemente administrada en infusión lenta, por un equipo especializado y con monitorización cardíaca. Para la administración, se debe diluir la solución de adrenalina (1/10.000). Efectos adversos como isquemia de miocardio, arritmia cardiaca y crisis hipertensiva se pueden producir tras la administración de adrenalina, pero son raros cuando es administrada por vía IM y a dosis adecuadas.

    En caso de urticaria, edema y/o prurito en general se administra un antihistamínico H1 por vía parenteral u oral. Sin embargo, tiene poco efecto en la hipotensión y broncoespasmo. La administración de un corticoide por vía IV (o por vía IM en caso de dificultad de administración vía IV) ej. hidrocortisona 250mg o metilprednisolona 125mg, de preferencia sin conservantes, permite acortar la duración de la reacción anafiláctica y evita una empeoramiento posterior. Sin embargo, su efecto máximo aparece después de varias horas. Cuando los síntomas son menos grave y se limitan a la piel, la administración de adrenalina no es necesaria, es suficiente la administración de un corticoide por vía oral o IM, eventualmente asociado a un antihistamínico H1.

    Los inhaladores beta2 agonistas pueden ser útiles en caso de broncoespasmo, pero no sustituyen el uso de adrenalina en caso de broncoespasmo grave.